Falacias lógicas.

Nota: Este artículo es la adaptación de un hilo que escribí en Twitter.

Una falacia es un razonamiento inválido que parece correcto y convincente. Algunas falacias se realizan a propósito con el objetivo de manipular a otra persona, mientras que otras se cometen sin intención, generalmente por ignorancia.

Que un argumento sea falaz no implica que sus premisas o su conclusión sean falsas. Un argumento puede tener premisas y conclusiones verdaderas y aun así ser inválido por haber empleado una falacia.

Las falacias están presentes en muchas áreas, como la política, el periodismo o el marketing. Identificarlas es muy importante, y para ello es necesario conocer tantas como sea posible. Este es un resumen de las falacias más conocidas.

 

Falacia genética.

Criticar algo basándose en su origen.

Pedro debe ser un ingeniero espantoso, en el colegio suspendía mates.

 

Falacia del alegato especial.

Alusión a una excepción que el oponente supuestamente no puede comprender.

– No digas palabrotas.

+ Pero tú dices palabrotas…

– Ya, pero yo soy tu padre.

 

Falacia ad ignorantiam.

Defender una idea porque no se puede probar lo contrario.

Los alienígenas viven entre nosotros.

 

Falacia tu quoque.

Desviar la atención sobre una acusación recibida aludiendo a que el otro también la ha cometido.

¿Maleducado yo? ¡Pues tú nunca das las gracias!

 

Petición de principio.

Incluir la conclusión del argumento a probar dentro de la premisa.

Siempre digo la verdad. Por tanto, no te estoy mintiendo.

 

Falacia ad misericordiam.

Apelar a la piedad del otro jugando con su compasión.

¡No puedo ir a la cárcel, tengo mujer y tres hijos!

 

Falacia Post hoc ergo propter hoc.

La correlación no implica causalidad. La desaparición de los piratas provocó el calentamiento global.

¿No me crees? Mira este gráfico.

 

Falacia naturalista.

Concluir un “debe” a raíz de un “ser” natural.

Es natural sentirse atraído por varias personas. Por tanto, engañar a tu pareja debe ser algo bueno.

 

Falacia moralista.

Concluir un “ser” a partir de un “debe”.

Si todos los seres humanos deben ser tratados como iguales, entonces todos somos exactamente iguales.

 

Falacia ad hominem.

Atacar a la persona en lugar de a sus argumentos.

¿Vas a comprarte un Tesla? ¡Si conduces fatal!

 

Falacia de la cuestión compleja.

Preguntar presuponiendo algo que no ha sido probado.

– ¿Qué tal lleva tu novia la carrera?

+ Mamá, no voy a picar. Ya te he dicho que no tengo novia.

 

Argumento ad conditionallis.

La base del argumento está condicionada y no puede ser probada.

¡EXCLUSIVA! Según algunas fuentes, el Real Madrid podría ficharme mañana.

 

Falacia ad populum.

Si todo el mundo piensa lo mismo, entonces es verdad.

Galileo no se dejó engañar.

 

Argumento ad consequentiam.

Responder a un argumento refiriéndose a las posibles consecuencias del mismo.

Ese político no es un corrupto, porque si lo fuese nadie le habría votado.

 

Argumento desde la falacia.

Desacreditar un argumento porque se ha usado una falacia para defenderlo.

¿Comer sano porque lo dice el médico? ¡Eso es un argumento de autoridad! ¡A partir de ahora solo comeré galletas!

 

Argumento ad baculum.

Apelar a la fuerza o una amenaza para imponer una acción.

Si no me haces descuento tendré que comprarle a otro proveedor…

 

Falacia del falso dilema.

Presentar dos puntos de vista como las únicas opciones posibles.

¿Estás conmigo o contra mí?

 

Argumento a silentio.

Extraer una conclusión basándose en la falta de evidencia.

– ¿Sabes bailar?

+ Sí, pero ahora no me apetece.

– Eso es porque no sabes.

 

Falacia del espantapájaros.

Malinterpretar a propósito al rival para poder destruirle fácilmente.

¿No vienes a la cena benéfica? ¡Eres un tacaño insensible!

 

Falacia ad antiquitatem.

Como siempre se ha hecho de la misma forma, mejor no cambiarlo.

Si las mujeres trabajan, ¿quién cuidará de los niños?

 

Argumento ad nauseam.

Defender la veracidad de un enunciado mediante su prolongada reiteración.

Cuando los nazis estaban a punto de rendirse, J. Goebbels seguía llenando auditorios y convenciendo a los alemanes de que lograrían la victoria.

 

Falacia de la pista falsa.

Desviar el tema de conversación para encubrir una debilidad.

¿Calentamiento global? Lo importante ahora es la economía.

 

Falacia ad novitatem.

Afirmar que algo es correcto o mejor por el hecho de ser más moderno.

La música electrónica es mejor que el rock de los 80.

 

Generalización precipitada.

Llegar a una conclusión general a partir de pruebas insuficientes.

La hermana de mi novio me cae mal, seguro que el resto de su familia también.

 

Afirmación del consecuente.

Suponer que afirmando el antecedente estamos autorizados a afirmar el consecuente.

Los estudiantes de arte dibujan bien.Paula dibuja bien, seguro que estudia arte.

 

Falacia ad crumenam.

Defender algo porque es caro o quien lo dice es rico.

¿Cómo que no te gusta mi vestido? ¡Si me ha costado mil euros!

 

Falacia del punto medio.

Atribuir credibilidad a una afirmación porque equidista del resto de posturas.

Pablo dice que el coronavirus te deja calvo. Daniel dice que no. Debe ser que el coronavirus hace que se te caiga el pelo, pero no todo.

 

Falacia del efecto dominó.

Encadenar argumentos para llegar a una conclusión lejana.

Deberías estudiar una carrera. Si no lo haces, nunca encontrarás un trabajo, no podrás ganar dinero y acabarás viviendo debajo de un puente.

 

Falacia del coste hundido.

Seguir invirtiendo por miedo a que el esfuerzo ya realizado sea en vano.

Nunca continues una relación que ya no te hace feliz.

 

Falacia del francotirador.

Manipular la información para que conduzca a la conclusión deseada.

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