Lo bueno se hace esperar.

Internet está plagado de gente vendiendo la idea de que emprender es la fórmula para hacerse rico de la noche a la mañana. Cada vez es más frecuente encontrar ‘gurús’ de los negocios, quienes afirman que con poco más que una buena idea cualquiera puede convertirse en el próximo Jeff Bezos.

Esta afirmación no solo fomenta una creencia falsa, sino que oculta una de las mayores verdades del emprendimiento: conseguir que un proyecto funcione lleva mucho tiempo y trabajo. Además, hacer crecer una startup hasta convertirla en referente es algo que muy pocos logran.

Recuerdo una conversación con un conocido CEO antes de empezar la universidad. De toda su experiencia como emprendedor, lo que más me llamó la atención fue que para él emprender había sido la consecuencia de querer construir algo en lo que creía, y que le había costado mucho más de lo que jamás hubiera imaginado.  

Aún hay quien piensa que si una empresa no consigue un gran crecimiento en sus primeros meses de vida es un fracaso; o también, que si durante el primer año el producto no es un éxito nacional todo está perdido. Sin embargo, aunque poner en marcha una empresa puede ser un proceso rápido, se requiere tiempo, esfuerzo, y muchas decisiones acertadas para escalar cualquier producto.

Ni siquiera para las empresas de internet, donde parece que todo avanza a la velocidad de la luz, las cosas pasan de un día para otro. Basta con echar un vistazo a algunas de las más importantes en nuestro país para comprobar que han recorrido un largo camino. Idealista, Destinia o Milanuncios se fundaron hace ya más de diez años. Incluso algunas más recientes, como Cabify o Glovo, superan los 5 años funcionando.

Es cierto que existen startups que logran un gran crecimiento en muy poco tiempo, pero esto ocurre en una proporción minúscula. El éxito fácil y rápido se debe, en la mayoría de ocasiones, a una descomunal influencia de la suerte. Y algo así es muy difícil de mantener en el tiempo.

Emprender es sinónimo de asumir riesgos y trabajar día sí, día también para hacer que las cosas pasen. Un largo camino en el que la paciencia y la perseverancia son dos factores decisivos. Lo bueno se hace esperar.

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